Niñas afganas

1322 Patterson Ave. SE, Suite 1000, Washington Navy Yard, D.C. 20374-5065 En algunas zonas de Afganistán, cuando en las familias no nacen hijos varones, agobiados por el propio aislamiento al que se somete a las niñas y a las mujeres, muchos padres deciden disfrazar ... Un misterio sin respuesta en las escuelas afganas. ... las niñas comenzaron a caer enfermas como piezas de dominó. Se sospechaba que la bomba de agua de la escuela había sido envenenada. Las niñas afganas sometidas al matrimonio es una realidad fortalecida con sus propias tradiciones culturales. La mayoría de las casos, son los padres quienes arreglan los matrimonios por dinero. Las niñas afganas se venden como esposas por menos de 10 reales en Kabul. 1 Dic, 2017. Facebook. Twitter. WhatsApp. Email. Un reportaje investigativo hecho por el periodista Amador Guallar para el diario español El Mundo muestra la dura realidad de los habitantes de Afganistán. Afganistán.- Guterres pide que se respeten los derechos de las niñas y las mujeres afganas durante los diálogos de paz. Afganistán.- 77 nombres celtas para niñas valientes, guerreras y hermosas 91 nombres celtas para niños valientes, con carácter y gran corazón 33 nombres de bebé inspirados en el sol y la luna Niñas estudian bajo una carpa en una escuela gubernamental en Kabul, Afganistán. Según las estadísticas más optimistas, poco más de la mitad de las niñas afganas asisten a la escuela y ... El 15% de las mujeres afganas menores de 50 años fueron casadas antes de cumplir los 15. Y casi la mitad, antes de llegar a los 18, según Save the Children. Y casi la mitad, antes de llegar a ... 1. La trata de personas ¿Qué es la trata de personas? La trata de seres humanos es la esclavitud de nuestro tiempo. Se trata de un fenómeno criminal en el que las víctimas son captadas, transportadas o alojadas a la fuerza, mediante la coacción o fraude en condiciones de

El asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter: ¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!

2017.08.20 20:15 kilovatio El asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter: ¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!

Uno de los mejores análisis que he encontrado en un medio de información general, este tipo de artículos hasta ahora solo solían encontrarse en medios que podríamos considerar como marginales.
http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4143/el-asesor-de-seguridad-del-presidente-jimmy-carter-yo-cree-el-terrorismo-yihadista-y-no-
NAZANÍN ARMANIAN El asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter: ¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!
20 AGOSTO 2017
“¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?” Es la respuesta de quién fue el asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa Le Nouvel Observateur (del 21 de enero de 1998) sobre las atrocidades que cometen los yihadistas de Al Qaeda. Una escalofriante falta de ética de individuos como él que destruyen la vida de millones de personas para alcanzar sus objetivos. En esta entrevista, Brzezinski confiesa otra realidad: que los yihadistas no entraron desde Pakistán para liberar su patria de los ocupantes infieles soviéticos, sino que seis meses antes de la entrada del Ejército Rojo a Afganistán, EEUU puso en marcha la Operación Ciclón el 3 de julio de 1979, enviando a 30.000 mercenarios armados incluso con misiles Tomahawk a Afganistán para arrasar el país, difundir el terror, derrocar el gobierno marxista del Doctor Nayibolá y tender una trampa a la URSS: convertirlo en su Vietnam. Y lo consiguieron. A su paso, violaron a miles de mujeres, decapitaron a miles de hombres y provocaron la huida de cerca de 18 millones de personas de sus hogares, casi nada. Caos que continúa hasta hoy. Esta ha sido la piedra angular sobre la que se levanta el terrorismo “yihadista” y al que Samuel Huntington dio cobertura teórica con su Choque de Civilizaciones. Así, consiguieron dividir a los pobres y desheredados de Occidente y de Oriente, haciendo que se mataran en Afganistán, Irak, Yugoslavia, Yemen, Libia y Siria, confirmado la sentencia de Paul Valéry: “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para el provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran” . Consiguieron neutralizar la oposición de millones de personas a las guerras y convertir en odio la empatía. Con el método nazi de «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»: • El atentado del 11S no lo cometieron los talibanes afganos. La CIA en 2001 había implicado al gobierno de Arabia Saudí en la masacre. ¿Por qué, entonces, EEUU invadió y ocupó Afganistán? • Las armas de destrucción masiva no las tenía Irak. El único país en Oriente Próximo que las posee, y de forma ilegal, es Israel y gracias a EEUU y Francia. • Tampoco EEUU necesitaba invadir a Irak para hacerse con su petróleo. Demoler el estado iraquí tenía varios motivos, como eliminar un potencial enemigo de Israel y ocupar militarmente el corazón de Oriente Próximo, convirtiéndose en el vecino de Irán, Arabia Saudí y Turquía. • Las cartas con ántrax que en EEUU mataron a 5 personas en 2001, no las enviaba Saddam Husein como juraba Kolin Powell, sino Bruce Ivins, biólogo de los laboratorios militares de Fort Derrick, Maryland, quien “se suicidó” en 2008. • Ocultaron la (posible) muerte de Bin Laden agente de la CIA, hasta la pantomima organizada el 1 de mayo del 2011 por Obama, en el asalto hollywoodiense de los SEAL a un domicilio en Abottabad, a pesar de que la ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, ya había afirmado el 2 de noviembre del 2007 que el saudí había sido asesinado, por un posible agente de MI6 (quizás en 2002). Benazir fue asesinada casi un mes después de esta revelación. Mantener “vivo” a Bin Laden durante 8-9 años le sirvió a EEUU aumentar el presupuesto del Pentágono (de 301.000 millones de dólares en 2001 a 720.000 en 2011), incrementar los contratos de armas de Boeing, Lockheed Martin, Raytheon, etc. y vender millones aparatos de seguridad y cámaras de vídeo-vigilancia, montar cárceles ilegales por el mundo, legitimar y legalizar el uso de la tortura, practicar asesinatos selectivos y colectivos (llamados “daños colaterales”) y concederse el derecho exclusivo de invadir y bombardear al país que desee. Una vez testados en Afganistán, la OTAN envió a éstos “yihadistas” a Yugoslavia con el nombre del Ejercito de Liberación de Kosovo; luego a Libia y les puso el nombre de “Ansar al Sharia, y a Siria, donde primero les denominó “rebeldes” y luego les dio otros 5-6 nombres diferentes. En esta corporación terrorista internacional, la CIA se encarga del entrenamiento, Arabia Saudí y Qatar de “cajero automático” como dijo el ministro alemán de Desarrollo, Gerd Mueller, y Turquía, miembro de la OTAN, acoge, entrena y cura a los hombres del Estado Islámico. ¡Son los mismos países que forman la “coalición antiterrorista! ¿Cómo decenas de servicios de inteligencia y los ejércitos de cerca de 50 países, medio millones de efectivos de la OTAN instalados en Irak y Afganistán, que han gastado miles de millones de dólares y euros en la “guerra mundial contra el terrorismo” durante 15 largos años, no han podido acabar con unos miles de hombres armados con espada y daga de Al Qaeda? Así fabricaron al Estado Islámico Siria, finales del 2013. Los neocon aumentan la presión sobre el presidente Obama para enviar tropas a Siria, y necesitan una casus belli. El veto de Rusia y China a una intervención militar en el Consejo de Seguridad, la ausencia de una alternativa capaz de gobernar el país una vez derrocado o asesinado el presidente Asad, el temor a una situación caótica en la frontera de Israel, eran parte de a los motivos de Obama a negarse. Sin embargo, el presidente y sus generales pierden la batalla y los sectores más belicistas del Pentágono y la CIA, Qatar, Arabia Saudí, Turquí y los medios de comunicación afines asaltan la opinión pública con las imágenes de las decapitaciones y violaciones cometidas por un tal Estado Islámico. Una vez que el mundo acepta que “hay que hacer algo”, y al no tener el permiso de la ONU para atacar Siria, el Pentágono, el bombero pirómano, diseña una especial ingeniería militar: 1. Traslada en junio de 2014 a un sector del Estado Islámico de Siria a Irak, país bajo su control, dejando que ocupe tranquilamente el 40% del país, aterrorizando a cerca de ocho millones de personas, matando a miles de iraquíes, violando a las mujeres y niñas. 2. Organizó una potente campaña de propaganda sobre la crueldad del Estado Islámico, semejante a la que hicieron con las lapidaciones de los talibanes a las mujeres afganas, y así poder “liberar” a aquel país. ¡Hasta la eurodiputada Emma Bonino cayó en la trampa, encabezando la lucha contra el burka, mirando al dedo en vez de la luna! 3. Afirmó que al ubicarse el cuartel general de los terroristas en Siria, debían atacar Siria. 4. Obama cesó de forma fulminante al primer ministro iraquí Nuri al Maliki, por oponerse al uso del territorio iraquí para atacar a Siria. 5. Objetivo conseguido: EEUU por fin pudo bombardear, ilegalmente, Siria el 23 de septiembre del 2014, sin tocar a los “yihadistas” de Irak. Gracias al Estado Islámico, hoy EEUU (y Francia, Gran Bretaña y Alemania) cuentan con bases militares en Siria, por primera vez en su historia desde donde podrán controlar toda Eurasia. Siria deja de ser (tras la caída de Libia en 2001 por la OTAN) el único país del Mediterráneo libre de bases militares de EEUU. 6. Y lo sorprendente: desde esta fecha hasta el julio del 2017, el Estado Islámico mantiene ocupado el norte de Irak sin que decenas de miles de soldados de EEUU hayan hecho absolutamente NADA. Al final, el ejército iraquí y las milicias extranjeras chiítas liberan Mosul, eso sí, cometiendo terribles crímenes de guerra contra los civiles. El terrorismo en la estrategia del “Imperio del Caos” El terrorismo “yihadista” cumple cuatro principales funciones para EEUU: militarizar la atmósfera en las relaciones internacionales, en perjuicio de la diplomacia; arrebatar las conquistas sociales, instalando estados policiales (los atentados de Boston, de París e incluso el de Orlando) y una vigilancia a nivel mundial; ocultar las decisiones vitales a los ciudadanos; hacer de bulldozer, allanando el camino de la invasión de sus tropas en determinados países, y provocar caos, y no como medio sino como un objetivo en sí. Si durante la Guerra Fría Washington cambiaba los regímenes en Asia, África y América Latina mediante golpes de Estado, hoy para arrodillar a los pueblos indomables recurre a bombardeos, enviar escuadrones de muerte, y sanciones económicas, para matarles, debilitarles dejarles sin hospitales, agua potable y alimentos, con el fin de que no levanten cabeza durante generaciones. Así, convierte a poderosos estados en fallidos para moverse sin trabas por sus territorios sin gobierno. EEUU que desde 1991 es la única superpotencia mundial, ha sido incapaz de hacerse con el control de los países invadidos, debido al surgimiento de otros actores y alianzas regionales que reivindican su lugar en el nuevo mundo. Y como el perro del hortelano, ha decidido sabotear la creación de un orden multipolar que intenta gestarse, provocando el caos: debilita BRICS conspirando contra Dilma Russef y Lula en Brasil; impide una integración Económica en Eurasia, propuesta por Rusia a Alemania archivada con la guerra en Ucrania, y mina el proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda y una integración geoeconómica de Asia-Pacífico que cubriría dos tercios de la población mundial, y en cambio crea alianzas militares como la “OTAN sunnita” y organizaciones terroristas con el fin de hundir Oriente Próximo en largas guerras religiosas. Anunciar que ha diseñado un plan para el “cambio de régimen” en Irán –un inmenso y poblado país-, ante la dificultad de una agresión militar, significa que pondrá en marcha una política de desestabilización del país mediante atentados y tensiones étnico-religiosas. La misma política que puede aplicar Corea del Norte, Venezuela, o Bolivia, y otros de su lista del “Eje del Mal”, y todo el servicio de perpetuar su absolutista hegemonía global: que intentase derrocar a su aliado Tayyeb Erdogan es el colmo de la intolerancia. Antes de los trágicos atentados en Catalunya, el Estado Islámico atacó a la aldea afgana de Mirza Olang. Llenó varias fosas comunes con al menos 54 cadáveres de mujeres y hombres y tres niños decapitados, y se llevó a unas 40 mujeres y niñas para violarlas. Conclusión: que el “yihadismo” no es fruto de la exclusión de los musulmanes, ni siquiera se trata de la lógica de los vasos comunicantes y el regreso de los “terroristas que hemos criado en Oriente”. “Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”, dijo Zbigniew Brzezinski a sus criaturas, los yihadistas.
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2016.07.16 11:16 podemosspb ¿Qué podemos hacer para mejorar la OTAN?

EL SUFRIMIENTO DE LA MUJER AFGANA NO TIENE PARANGÓN, ES ESTREMECEDOR; MIRAD COMO FUE CON LA AYUDA DE LA URSS Y COMO ES AHORA CON EEUU. ¡ADVERTIMOS, LAS FOTOS SON MUY DURAS!. * Es horroroso como vive la mujer Afgana en la actualidad: Mutilaciones, dilapidaciones, sometimiento execrable, palizas injustificables, niñas obligadas a casarse con viejos asquerosos. Las mujeres son tratadas peor que a los animales, viven en corrales y pobre de aquella que no obedezcan, les cortan las orejas, la nariz, las rocían ácido sulfúrico para desfigurarlas, torturarlas o asesinarlas. Todo esto, después de que EEUU "liberó" a Afganistán de la "invasión" de la URSS. ** Según los datos oficiales Afganistán es uno de los países más pobres del mundo. Tiene 23 millones de habitantes y sólo el 5% de las mujeres saben leer. El oscurantismo, ignorancia y miseria es lo que reina hoy en Afganistán. ** Cuando veas cómo era en el pasado, no te lo vas a creer, en 1940 era una tierra próspera y vibrante llena de oportunidades de futuro. Los edificios modernos, la tecnología y la educación salpicaban este árido paisaje en el que las mujeres usaban faldas de tubo, conducían coches, compraban música y asistían a la universidad, esto es lo que defendía la URSS, como ahora lo hace Rusia con Siria. Artículo publicado por: Abogados Progresistas de España Leer más en: http://lapoliticavocacional.blogspot.com.es/ 12/07/1959 Queremos que experimentes imaginariamente con tu propio cuerpo los sentimientos de la mujer Afgana, donde los animales son mejor tratados que a las mujeres; imaginemos que el Estado Islámico recuperan "sus tierras" Al Andalus, todas las mujeres deben usar el burka; ¿no te lo quieres poner?, recibiras inicialmente una palizas de tu padre y luego el marido la complementa; otra atrocidad que tienes que admitir, es que tu hija de 11 se case con un viejo asqueroso porque ha pagado por ella y si te opones a la voluntad de tu marido, pueden cortarte las orejas, la nariz o rociarte con ácido sulfúrico; pero esto no es nada, si osas mostrar tu rostro o cualquier parte del cuerpo a la gente, ya es infidelidad, el marido en conjunto con toda la familia te dilapidan (cavan un hueco la meten a la mujer, y todos te tiran piedras hasta matarte) ¿horroroso verdad?, pues esto es lo que vive una mujer afgana en estos momentos. ¿CÓMO SE LLEGÓ A ESTO? Hace medio siglo, las mujeres afganas siguieron carreras en la medicina; hombres y mujeres se mezclaban casualmente en los cines y los campus universitarios de Kabul; fábricas en los suburbios producían en serie textiles y otros bienes. Había una tradición de la ley y el orden, y un gobierno capaz de llevar a cabo grandes proyectos nacionales de infraestructura, como la construcción de centrales hidroeléctricas y carreteras, aunque con ayuda externa de la URSS. La gente común tenía un sentido de esperanza, la creencia de que la educación podría abrir oportunidades para todos, la convicción de que un futuro brillante que le esperaba. Todo esto ha sido destruido en tres décadas de guerras con armamento norteamericano; recordemos las frases de Hillary Clinton, que al desclasificarse documentos secretos de EEUU sobre Afganistán, manifestó con toda su cara, que les salió barato derrotar a la URSS en Afganistán, dando a entender, que utilizaron el Islam como arma arrojadiza contra los comunistas; es decir, que se aprovecharon de una religión, trastocando sus fundamentos para convertirla en doctrina terrorista. Paralelamente forman a personas de la zona, convirtiéndolos en agente de la CIA, un ejemplo, Bin Laden, que lo formaron en estrategia de sabotaje, tácticas de guerra y avocar a la muerte como el martirio para llegar a Dios, quien luego formó el grupo terrorista Al Qaeda; convirtieron a los Talibanes en asesinos mercenarios... El plan de EEUU era derrotar a los comunistas afganos y expulsar a la URSS de Afganistán cueste lo que cueste, y de esta forma nace Al Qaeda. De esta manera, los Islamistas "radicales" lograron hacerse con el poder, sumiendo al País en la miseria esperando que "Dios" les solucione el problema, cunado solo ha producido oscurantismo supino y la ignorancia extrema, LAS GRANDES PERJUDICADAS Las grandes perjudicadas han sido las mujeres, dado que en la década de 1950 y 60 eran capaces de seguir carreras profesionales en campos tan importantes como la medicina. Además podían tener ideas políticas y eran tratadas como seres humanos. Hoy en día, las escuelas que educan a las mujeres son blanco de la violencia y la situación se ha agravado más en las última década con el crecimiento del terrorismo islamista. Si hoy introducimos en Google las palabras “mujer afgana” el resultado que nos arroja es francamente escalofriante. Las mujeres afganas desde la niñez son víctimas de la violencia política, religiosa, física y sexual. La violencia contra las mujeres actualmente está aceptada por la sociedad en general y socialmente legitimada por jueces y policías. No pueden estudiar, votar o amar y la mayoría de ellas son casadas sin su consentimiento. En el mejor de los casos, aquellas que se salvan de la dilapidación, cumplen prisión acusadas de adulterio o abandono del hogar ya que la justicia los considera crímenes morales. No podemos quedarnos impasibles ante la violación de los derechos humanos, las mujeres como los hombres libres debemos solidarizarnos con la violencia contra la mujer...
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2016.06.02 00:42 ShaunaDorothy Canadá: Opresión de la mujer y reacción racista - El asesinato de “honor” de Aqsa Parvez (Invierno de 2008-2009)

https://archive.is/OZWPQ
Espartaco No. 30 Invierno de 2008-2009
Canadá: Opresión de la mujer y reacción racista
El asesinato de “honor” de Aqsa Parvez
(Mujer y Revolución)
El siguiente artículo ha sido adaptado de Spartacist Canada No. 156 (primavera de 2008).
El 10 de diciembre de 2007, Aqsa Parvez, una joven de 16 años de ascendencia paquistaní de un suburbio de Toronto, fue estrangulada por su padre tras negarse a usar el hijab (la mascada que cubre el pelo y el cuello) islámico. Murió en el hospital al día siguiente. Su padre fue acusado de asesinato y su hermano mayor de obstruir a la policía.
Aqsa acababa de abandonar su casa intentando escapar de las restricciones que le imponía su religiosa familia. Su muerte suscitó grandes muestras de dolor por parte de sus muchos amigos, entre los que había jóvenes mujeres negras, adolescentes del sureste asiático y blancos, entre otros. Sus compañeros de clase declararon al Toronto Star (11 de diciembre de 2007) que Aqsa llevaba meses discutiendo con sus padres respecto a usar el hijab. “No quería ir a su casa…a tal grado que prefería ir a los albergues”, dijo uno. “Su padre y su hermano la habían amenazado”, comentó otro; “él le dijo que si se iba, la mataba.”
El asesinato de Aqsa Parvez ocurrió después de una serie de homicidios de mujeres sij en British Columbia (B.C.) por parte de sus esposos y otros parientes. Mujeres originarias del sureste asiático organizaron en la Lower Mainland de B.C. protestas contra estos asesinatos e intentos de asesinato en el otoño de 2006 y de nuevo en la primavera de 2007. La violencia contra la mujer cruza las líneas étnicas y de clase con una indiferencia brutal. Pero los asesinatos de Aqsa Parvez y las mujeres sij en B.C. son algo diferente. Como los asesinatos de mujeres turcas y kurdas por parte de sus parientes varones en Alemania, Gran Bretaña, Suecia y otros países imperialistas en años recientes —y los incontables asesinatos de este tipo que tienen lugar en el Medio Oriente, el centro y sur de Asia— éstos fueron esencialmente asesinatos de “honor”. Estos brutales asesinatos surgen del choque entre el deseo de las mujeres de independizarse de su cultura “tradicional” y el legado de las normas sociales y económicas precapitalistas que sobreviven en grandes franjas del mundo.
Los asesinatos de “honor” reflejan el trato que reciben las mujeres como propiedad de sus padres o maridos. Como la mayoría de las adolescentes, Aqsa Parvez quería tomar sus propias decisiones respecto a cómo vestirse, qué amigos frecuentar y qué futuro tener. Pero para su padre, esto representaba una afrenta al control que ejercía sobre su hija como está prescrito por el Islam. Un patrón que compartían las mujeres sij asesinadas en B.C. era su relativa independencia económica, con empleos como maestras, enfermeras, ingenieras de software, etc. Esta independencia choca con la sociedad tradicional sij, en la que los matrimonios arreglados y la dote son la norma. También ha habido un aumento en los abortos selectivos de fetos femeninos entre la población originaria del sureste asiático en el área de Vancouver.
Los asesinatos subrayan la explosiva combinación de la opresión de la mujer y el racismo antiinmigrante en el Canadá actual. Sectores de la prensa burguesa han tratado de utilizarlos para azuzar la intolerancia antiinmigrante. Denunciamos todos los intentos de explotar estos horribles crímenes para atizar la reacción contra los inmigrantes y las minorías étnicas. Llamamos por plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes, denunciamos el que se use como chivos expiatorios a los musulmanes bajo la “guerra contra el terrorismo” de la burguesía y defendemos el derecho de las minorías étnicas a practicar sus religiones. En particular, nos oponemos a las prohibiciones estatales del velo y otros emblemas y vestimentas religiosos. Esto sólo lograría aumentar el aislamiento de las mujeres musulmanas en sus hogares, al reforzar el atraso social, incluyendo la sujeción religiosa y familiar, y profundizar su opresión.
Al mismo tiempo, nos solidarizamos con las muchas mujeres que han luchado por sacudirse las crueles constricciones del tradicionalismo religioso —incluyendo al velo, símbolo e instrumento de la subordinación de la mujer bajo el Islam—. Los ataques racistas contra los musulmanes y los sijs en el Canadá actual no mitigan de ninguna manera los horribles crímenes como los asesinatos de “honor”.
Asesinatos de “honor”, la opresión de la mujer y la familia
La subyugación de la mujer en países subdesarrollados como Pakistán o India, así como en las comunidades inmigrantes dentro de Canadá, no tiene sus raíces en ninguna cualidad distintivamente reaccionaria del Islam o el sijismo, como argumentan algunos ideólogos derechistas. La institución de la familia —principal vehículo de transmisión de la propiedad privada y de regimentación de la sociedad— es la principal fuente de opresión de la mujer. Esto se aplica tanto a países imperialistas como a países subdesarrollados. El cristianismo también tiene una historia larga y horripilante de brutalidad antimujer, que continúa hasta la fecha, como las barbáricas cruzadas de “valores familiares” de los fundamentalistas cristianos contra el aborto, el control de la natalidad y los derechos homosexuales.
Sin embargo, el ascenso de la propiedad capitalista y de la Ilustración minaron profundamente las atrasadas relaciones sociales feudales, enraizadas en la agricultura, que en gran medida fueron barridas conforme Europa Occidental y América del Norte se desarrollaban como sociedades industriales avanzadas. El poder de la iglesia se restringió, y la condición de la mujer fue mejorando a través de luchas sociales. En el Medio Oriente y el sur de Asia, sin embargo, el capitalismo llegó tardíamente —y llegó con el colonialismo europeo, que se alió con las potencias feudales locales—. La penetración imperialista bloqueó el camino del desarrollo social y económico. Así, las religiones de Oriente no se adaptaron del mismo modo que el cristianismo (o el judaísmo), y la barbarie antimujer sigue siendo, correspondientemente, más profunda y abierta.
El cercano colaborador de Karl Marx, Friedrich Engels, explicó las bases materiales de la opresión de la mujer en su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884). Bajo el “comunismo primitivo” de la Edad de Piedra, donde prevalecía una igualdad primitiva, la división de trabajo entre el hombre y la mujer derivaba de la biología (las mujeres tenían que parir y criar a los jóvenes) y no implicaba un estatus social subordinado. Los avances tecnológicos, particularmente el desarrollo de la agricultura, crearon por vez primera un excedente social. Una minoría se apropió de este excedente, lo que produjo la división de la sociedad en clases.
Con las clases vino el desarrollo de la institución de la familia, que Engels llamó “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”. El hecho biológico de parir y criar a los niños quedó atado en adelante a la opresión social de la mujer. Como medio para consolidar la riqueza en las manos de una pequeña minoría, la familia patriarcal decretó la monogamia de la mujer para determinar la herencia de la propiedad. El concepto de “honor familiar”, es decir, el control sobre la sexualidad de la mujer por el padre o el esposo, lejos de ser exclusivamente islámico o sij, está conectado con el modo de producción en el que un clan —serie de familias extendidas emparentadas— posee y trabaja la tierra en común. Como señaló Engels:
“Para asegurar la fidelidad de la mujer y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, aquélla es entregada sin reservas al poder del hombre: cuando éste la mata, no hace más que ejercer su derecho.”
La barbarie imperialista y la subyugación de la mujer
Hasta el día de hoy, los gobernantes imperialistas del mundo, unidos a los de las naciones capitalistas, refuerzan todo lo que es retrógrado para afianzar su dominio. Esto puede verse con toda claridad en el caso de Afganistán. Los imperialistas estadounidenses y canadienses y sus apologistas han usado la brutal opresión de la mujer afgana bajo el anterior régimen talibán para justificar la ocupación colonial de ese país. Pero los degolladores islámicos antimujer llegaron al poder en Afganistán a principios de los años 90 con el apoyo del imperialismo estadounidense y canadiense, así como de los socialdemócratas del NDP [New Democracy Party]. Y hoy el régimen títere de Estados Unidos en Kabul continúa y defiende la misma horrenda opresión de la mujer.
Por más de una década, empezando en 1979-80, la CIA organizó y armó a los “guerreros santos” muyajedín contra la Unión Soviética y sus aliados en el gobierno afgano. Ésta fue la primera guerra de la historia moderna en la que los derechos de la mujer fueron una cuestión central. Mientras el gobierno apoyado por los soviéticos procuraba instituir reformas progresistas, como reducir el precio de novia a una suma nominal y darle educación a las niñas y mujeres, los degolladores afganos de la CIA eran conocidos por arrojar ácido a la cara de las mujeres sin velo y fusilar a los maestros que educaban niñas.
Cuando, cumpliendo la petición urgente del gobierno, los soviéticos enviaron tropas en diciembre de 1979, nosotros dijimos: “¡Viva el Ejército Rojo!” y “¡Extender las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos!” Enviar al ejército a barrer con la insurgencia reaccionaria abrió el camino a la liberación social de los pueblos afganos. Eso subrayó nuestro entendimiento trotskista de que la Unión Soviética era un estado obrero, producto de la revolución socialista proletaria de Octubre de 1917, pese a su degeneración bajo la nacionalista burocracia estalinista.
Los efectos liberadores de la intervención soviética se reflejaron en hechos indiscutibles. En 1988, las mujeres representaban el 40 por ciento de los médicos y el 60 por ciento de los maestros de la Universidad de Kabul; 440 mil estudiantes mujeres se inscribieron en instituciones educativas y 80 mil más en programas de alfabetización. La vestimenta occidental era común en las ciudades, y las mujeres disfrutaban de una medida verdadera de libertad frente al velo y la subyugación, por primera vez en la historia afgana. Pero en lugar de luchar por derrotar a la insurgencia musulmana de la CIA, los estalinistas del Kremlin bajo Mijaíl Gorbachov retiraron criminalmente las tropas soviéticas en 1989. Ésta fue una enorme traición a las mujeres, los obreros y los izquierdistas de Afganistán; pavimentó el camino al triunfo de los degolladores rabiosamente antimujer de Washington, y para entregar a la Unión Soviética misma a la contrarrevolución dos años después: una derrota colosal para los obreros del mundo.
El vergonzoso silencio de los feministas y la izquierda
Comprometidos con sus “propios” gobernantes capitalistas, durante los años 80 la mayoría de los grupos izquierdistas y feministas de Canadá apoyaron a los fanáticos islámicos antimujer en Afganistán contra la Unión Soviética y los derechos de la mujer. Dos décadas después, la mayor parte de los feministas y la izquierda reformista ha respondido al escándalo de los asesinatos de “honor” dentro de Canadá con un silencio deshonroso.
En un artículo de Internet del 14 de diciembre de 2007 bajo el título “¿Quién hablará por Aqsa Parvez?”, Natasha Fatah, productora del programa de radio de CBC “As it happens” (Mientras sucede), señaló enojada que “los grupos de apoyo a la mujer han estado mudos respecto a esta cuestión. Cuando se le pregunta a los feministas canadienses sobre su reacción al asesinato de Aqsa, se rehúsan a responder y en lugar de ello sugieren que sería más apropiado acudir a grupos de mujeres musulmanas para que reaccionen... Hasta ahora, los únicos que han hablado honestamente son las muchachas que asisten a la secundaria Applewood Heights de Mississauga [el suburbio donde Aqsa vivía].”
Varios grupos han llamado por que el gobierno tome una “postura firme”. Pero estos llamados llevan fácilmente a apoyar las reaccionarias demandas de prohibiciones estatales al hijab. Ésta es la posición, por ejemplo, de la Campaña Internacional Contra el Tribunal Shari’a en Canadá, cuyos activistas fundadores están asociados con el Partido Obrero-Comunista de Irán. Su petición en línea afirma que “vestir o portar cualquier símbolo religioso, como el hijab islámico, debería estar prohibido en las escuelas.” Prohibir la mascada en las escuelas o cualquier otra área de la vida pública alentaría a los racistas antiinmigrantes y sólo profundizaría el aislamiento y la opresión de las mujeres y niñas musulmanas.
¡Por lucha de clases contra el capitalismo canadiense!
El extendido racismo de la sociedad capitalista canadiense refuerza la reaccionaria sujeción de la religión y la familia sobre las mujeres inmigrantes, y no sólo es una cuestión de los prejuicios descarados de los derechistas en los programas de opinión en la radio y la franja extrema del partido Tory. El programa supuestamente liberal del multiculturalismo sirve para aumentar la segregación racial y cultural de las comunidades minoritarias y el control de los “líderes comunitarios” con sus vínculos con la iglesia, la mezquita o el templo.
Para la clase dominante capitalista canadiense no hay contradicción alguna entre difamar a los musulmanes como “terroristas” y simultáneamente promover a los elementos reaccionarios entre el clero musulmán. Ambas medidas refuerzan el grillete del capitalismo, usando a las minorías como chivos expiatorios por un lado y regimentándolas por el otro. Uno de los propósitos centrales del multiculturalismo es oscurecer el hecho de que las comunidades minoritarias étnicas e inmigrantes, al igual que el resto de la sociedad, están divididas en clases. La lucha de los obreros inmigrantes y de otras minorías por empleos, sindicatos e igualdad requiere romper el grillete de los religiosos y otros supuestos “líderes comunitarios”. La lucha por los derechos de la mujer es explosiva precisamente porque representa un desafío frontal a esos líderes.
Las ideas reaccionarias se sostienen y crecen en periodos reaccionarios. Especialmente desde la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, preparada por décadas de mal gobierno burocrático estalinista, ha tenido lugar un ascenso de toda clase de fundamentalismos: el fundamentalismo protestante en Norteamérica (los que ponen bombas en las clínicas de aborto, el gobierno de Bush que trata de ocultar el hecho científico de la evolución para enseñar “creacionismo” en las escuelas públicas); el fundamentalismo judío ortodoxo en Israel; un alcance cada vez mayor de la iglesia católica dentro de la sociedad civil en Europa; el fundamentalismo islámico en los países musulmanes y en países imperialistas con grandes poblaciones musulmanas. Todas las variantes del “opio del pueblo”, como Marx llamó a la religión, se diseminan libremente. El crecimiento de esta falsa conciencia tiene sus raíces en la desesperación y en la mentira de que la lucha de clases y el comunismo auténtico ya no son posibles.
Nuestra perspectiva marxista para la liberación de la mujer tiene sus raíces en el entendimiento de que la lucha clasista del proletariado contra el capitalismo no sólo es posible, sino que es desesperadamente necesaria. Lejos de ser simples víctimas irremediables de un sistema opresivo y patriarcal, cientos de miles de trabajadoras inmigrantes en este país tienen un verdadero poder social potencial en el punto de producción, junto con sus compañeros de trabajo hombres y nativos. Las trabajadoras inmigrantes han desempeñado un papel dirigente en las luchas contra los ataques de la clase dominante y sus gobiernos. En el curso de estas luchas, las divisiones y prejuicios que los capitalistas impulsan para dividir a los trabajadores pueden trascenderse.
La liberación de la mujer empieza con la lucha de clases y se conseguirá finalmente cuando la clase obrera tome el poder, sentando las bases para liberar a la mujer de la servidumbre familiar ancestral, y reorganice la sociedad en el interés de todos los oprimidos. La familia no puede simplemente abolirse; más bien, sus funciones sociales, como el trabajo doméstico, el cuidado de los niños, la cocina, etc., deben ser remplazadas con instituciones sociales bajo un estado obrero. Esta perspectiva requiere un tremendo salto en el desarrollo social, que sólo puede conseguirse si se barre el dominio capitalista a escala global y se remplaza con una economía racional y democráticamente planificada.
Los trotskistas luchamos por construir un partido de vanguardia multiétnico como el que construyeron los líderes bolcheviques Lenin y Trotsky para dirigir la primera revolución socialista en el mundo en octubre de 1917. Un partido así se forjará mediante una dura lucha política contra los burócratas sindicales y el NDP procapitalistas, que trabajan para atar a los obreros a sus “propios” capitalistas nacionales. Mediante sus luchas cotidianas contra el racismo y la opresión de la mujer, un partido revolucionario construirá la autoridad entre la clase obrera que le permita movilizarla contra todas las formas de atraso social, incluyendo el cruel abuso de las mujeres. En el futuro comunista, las mujeres estarán integradas a la sociedad plena y equitativamente, y el fanatismo y la violencia contra la mujer, las restricciones reaccionarias de la familia y la religión, y el papel represivo del estado capitalista no serán más que recuerdos barbáricos del pasado.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/30/aqsa.html
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2015.01.10 15:37 foresbailo El terror en París: raíces profundas y lejanas CHARLIE HEBDO. (Atilio A. Boron )

(Atilio A. Boron ) El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna. Es la expresión contemporánea de un fanatismo religioso que -desde tiempos inmemoriales y en casi todas las religiones conocidas- ha plagado a la humanidad con muertes y sufrimientos indecibles. La barbarie perpetrada en París concitó el repudio universal. Pero parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no basta con llorar, es preciso comprender. ¿Cómo dar cuenta de lo sucedido?
La respuesta no puede ser simple porque son múltiples los factores que se amalgamaron para producir tan infame masacre.
Descartemos de antemano la hipótesis de que fue la obra de un comando de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidió aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam y también de otras confesiones religiosas.
Que son fanáticos no cabe ninguna duda. Creyentes ultraortodoxos abundan en muchas partes, sobre todo en Estados Unidos e Israel. Pero, ¿cómo llegaron los de París al extremo de cometer un acto tan execrable y cobarde como el que estamos comentando? Se impone distinguir los elementos que actuaron como precipitantes o desencadenantes –por ejemplo, las caricaturas publicadas por el Charlie Hebdo, blasfemas para la fe del Islam- de las causas estructurales o de larga duración que se encuentran en la base de una conducta tan aberrante. En otras palabras, es preciso ir más allá del acontecimiento, por doloroso que sea, y bucear en sus determinantes más profundos.
A partir de esta premisa metodológica hay un factor merece especial consideración. Nuestra hipótesis es que lo sucedido es un lúgubre síntoma de lo que ha sido la política de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Es el resultado paradojal –pero previsible, para quienes están atentos al movimiento dialéctico de la historia- del apoyo que la Casa Blanca le brindó al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética a Afganistán en Diciembre de 1979, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era combinar la guerra de guerrillas librada por los mujaidines con la estigmatización de la Unión Soviética por su ateísmo, convirtiéndola así en una sacrílega excrecencia que debía ser eliminada de la faz de la tierra. En términos concretos esto se tradujo en un apoyo militar, político y económico a los supuestos “combatientes por la libertad” y en la exaltación del fundamentalismo islamista del talibán que, entre otras cosas, veía la incorporación de las niñas las escuelas afganas dispuesta por el gobierno prosoviético de Kabul como una intolerable apostasía. Al Qaeda y Osama bin Laden son hijos de esta política. En esos aciagos años de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, la CIA era dirigida por William Casey, un católico ultramontano, caballero de la Orden de Malta cuyo celo religioso y su visceral anticomunismo le hicieron creer que, aparte de las armas, el fomento de la religiosidad popular en Afganistán sería lo que acabaría con el sacrílego “imperio del mal” que desde Moscú extendía sus tentáculos sobre el Asia Central. Y la política seguida por Washington fue esa: potenciar el fervor islamista, sin medir sus predecibles consecuencias a mediano plazo.
Horrorizado por la monstruosidad del genio que se le escapó de la botella y produjo los confusos atentados del 11 de Septiembre (confusos porque las dudas acerca de la autoría del hecho son muchas más que las certidumbres) Washington proclamó una nueva doctrina de seguridad nacional: la “guerra infinita” o la “guerra contra el terrorismo”, que convirtió a las tres cuartas partes de la humanidad en una tenebrosa conspiración de terroristas (o cómplices de ellos) enloquecidos por su afán de destruir a Estados Unidos y el “modo americano de vida” y estimuló el surgimiento de una corriente mundial de la “islamofobia”. Tan vaga y laxa ha sido la definición oficial del terrorismo que en la práctica este y el Islam pasaron a ser sinónimos, y el sayo le cabe a quienquiera que sea un crítico del imperialismo norteamericano. Para calmar a la opinión pública, aterrorizada ante los atentados, los asesores de la Casa Blanca recurrieron al viejo método de buscar un chivo expiatorio, alguien a quien culpar, como a Lee Oswald, el inverosímil asesino de John F. Kennedy. George W. Bush lo encontró en la figura de un antiguo aliado, Saddam Hussein, que había sido encumbrado a la jefatura del estado en Irak para guerrear contra Irán luego del triunfo de la Revolución Islámica en 1979, privando a la Casa Blanca de uno de sus más valiosos peones regionales. Hussein, como Gadaffi años después, pensó que habiendo prestado sus servicios al imperio tendría las manos libres para actuar a voluntad en su entorno geográfico inmediato. Se equivocó al creer que Washington lo recompensaría tolerando la anexión de Kuwait a Irak, ignorando que tal cosa era inaceptable en función de los proyectos estadounidenses en la región. El castigo fue brutal: la primera Guerra del Golfo (Agosto 1990-Febrero 1991), un bloqueo de más de diez años que aniquiló a más de un millón de personas (la mayoría niños) y un país destrozado. Contando con la complicidad de la dirigencia política y la prensa “libre, objetiva e independiente” dentro y fuera de Estados Unidos la Casa Blanca montó una patraña ridícula e increíble por la cual se acusaba a Hussein de poseer armas de destrucción masiva y de haber forjado una alianza con su archienemigo, Osama bin Laden, para atacar a los Estados Unidos. Ni tenía esas armas, cosa que era archisabida; ni podía aliarse con un fanático sunita como el jefe de Al Qaeda, siendo él un ecléctico en cuestiones religiosas y jefe de un estado laico.
Impertérrito ante estas realidades, en Marzo del 2003 George W. Bush dio inicio a la campaña militar para escarmentar a Hussein: invade el país, destruye sus fabulosos tesoros culturales y lo poco que quedaba en pie luego de años de bloqueo, depone a sus autoridades, monta un simulacro de juicio donde a Hussein lo sentencian a la pena capital y muere en la horca. Pero la ocupación norteamericana, que dura ocho años, no logra estabilizar económica y políticamente al país, acosada por la tenaz resistencia de los patriotas iraquíes. Cuando las tropas de Estados Unidos se retiran se comprueba su humillante derrota: el gobierno queda en manos de los chiítas, aliados del enemigo público número uno de Washington en la región, Irán, e irreconciliablemente enfrentados con la otra principal rama del Islam, los sunitas. A los efectos de disimular el fracaso de la guerra y debilitar a una Bagdad si no enemiga por lo menos inamistosa -y, de paso, controlar el avispero iraquí- la Casa Blanca no tuvo mejor idea que replicar la política seguida en Afganistán en los años ochentas: fomentar el fundamentalismo sunita y atizar la hoguera de los clivajes religiosos y las guerras sectarias dentro del turbulento mundo del Islam. Para ello contó con la activa colaboración de las reaccionarias monarquías del Golfo, y muy especialmente de la troglodita teocracia de Arabia Saudita, enemiga mortal de los chiítas y, por lo tanto, de Irán, Siria y de los gobernantes chiítas de Irak.
Fusilamiento de un policía a la salida de las oficinas de Charlie Hebdo
Claro está que el objetivo global de la política estadounidense y, por extensión, de sus clientes europeos, no se limita tan sólo a Irak o Siria. Es de más largo aliento pues procura concretar el rediseño del mapa de Medio Oriente mediante la desmembración de los países artificialmente creados por las potencias triunfantes luego de las dos guerras mundiales. La balcanización de la región dejaría un archipiélago de sectas, milicias, tribus y clanes que, por su desunión y rivalidades mutuas no podrían ofrecer resistencia alguna al principal designio de “humanitario” Occidente: apoderarse de las riquezas petroleras de la región. El caso de Libia luego de la destrucción del régimen de Gadaffi lo prueba con elocuencia y anticipó la fragmentación territorial en curso en Siria e Irak, para nombrar los casos más importantes. Ese es el verdadero, casi único, objetivo: desmembrar a los países y quedarse con el petróleo de Medio Oriente. ¿Promoción de la democracia, los derechos humanos, la libertad, la tolerancia? Esos son cuentos de niños, o para consumo de los espíritus neocolonizados y de la prensa títere del imperio para disimular lo inconfesable: el saqueo petrolero.
El resto es historia conocida: reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, a poco andar los fundamentalistas sunitas exaltados como “combatientes por la libertad” y utilizados como fuerzas mercenarias para desestabilizar a Siria hicieron lo que en su tiempo Maquiavelo profetizó que harían todos los mercenarios: independizarse de sus mandantes, como antes lo hicieran Al Qaeda y bin Laden, y dar vida a un proyecto propio: el Estado Islámico. Llevados a Siria para montar desde afuera una infame “guerra civil” urdida desde Washington para producir el anhelado “cambio de régimen” en ese país, los fanáticos terminaron ocupando parte del territorio sirio, se apropiaron de un sector de Irak, pusieron en funcionamiento los campos petroleros de esa zona y en connivencia con las multinacionales del sector y los bancos occidentales se dedican a vender el petróleo robado a precio vil y convertirse en la guerrilla más adinerada del planeta, con ingresos estimados de 2.000 millones de dólares anuales para financiar sus crímenes en cualquier país del mundo. Para dar muestras de su fervor religioso las milicias jihadistas degüellan, decapitan y asesinan infieles a diestra y siniestra, no importa si musulmanes de otra secta, cristianos, judíos o agnósticos, árabes o no, todo en abierta profanación de los valores del Islam. Al haber avivado las llamas del sectarismo religioso era cuestión de tiempo que la violencia desatada por esa estúpida y criminal política de Occidente tocara las puertas de Europa o Estados Unidos. Ahora fue en París, pero ya antes Madrid y Londres habían cosechado de manos de los ardientes islamistas lo que sus propios gobernantes habían sembrado inescrupulosamente.
De lo anterior se desprende con claridad cuál es la génesis oculta de la tragedia del Charlie Hebdo. Quienes fogonearon el radicalismo sectario mal podrían ahora sorprenderse y mucho menos proclamar su falta de responsabilidad por lo ocurrido, como si el asesinato de los periodistas parisinos no tuviera relación alguna con sus políticas. Sus pupilos de antaño responden con las armas y los argumentos que les fueron inescrupulosamente cedidos desde los años de Reagan hasta hoy. Más tarde, los horrores perpetrados durante la ocupación norteamericana en Irak los endurecieron e inflamaron su celo religioso. Otro tanto ocurrió con las diversas formas de “terrorismo de estado” que las democracias capitalistas practicaron, o condonaron, en el mundo árabe: las torturas, vejaciones y humillaciones cometidas en Abu Ghraib, Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA; las matanzas consumadas en Libia y en Egipto; el indiscriminado asesinato que a diario cometen los drones estadounidenses en Pakistán y Afganistán, en donde sólo dos de cada cien víctimas alcanzadas por sus misiles son terroristas; el “ejemplarizador” linchamiento de Gadaffi (cuya noticia provocó la repugnante carcajada de Hillary Clinton); el interminable genocidio al que son periódicamente sometidos los palestinos por Israel, con la anuencia y la protección de Estados Unidos y los gobiernos europeos, crímenes, todos estos, de lesa humanidad que sin embargo no conmueven la supuesta conciencia democrática y humanista de Occidente. Repetimos: nada, absolutamente nada, justifica el crimen cometido contra el semanario parisino. Pero como recomendaba Spinoza hay que comprender las causas que hicieron que los jihadistas decidieran pagarle a Occidente con su misma sangrienta moneda. Nos provoca náuseas tener que narrar tanta inmoralidad e hipocresía de parte de los portavoces de gobiernos supuestamente democráticos que no son otra cosa que sórdidas plutocracias. Hubo quienes, en Estados Unidos y Europa, condenaron lo ocurrido con los colegas de Charlie Hebdo por ser, además, un atentado a la libertad de expresión. Efectivamente, una masacre como esa lo es, y en grado sumo. Pero carecen de autoridad moral quienes condenan lo ocurrido en París y nada dicen acerca de la absoluta falta de libertad de expresión en Arabia Saudita, en donde la prensa, la radio, la televisión, la Internet y cualquier medio de comunicación está sometido a una durísima censura. Hipocresía descarada también de quienes ahora se rasgan las vestiduras pero no hicieron absolutamente nada para detener el genocidio perpetrado por Israel hace pocos meses en Gaza. Claro, Israel es uno de los nuestros dirán entre sí y, además, dos mil palestinos, varios centenares de ellos niños, no valen lo mismo que la vida de doce franceses. La cara oculta de la hipocresía es el más desenfrenado racismo.
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